León de neón

En fa menor, afina grave su amor, juega y se disuelve el rumor de agua en sus fuentes cristalinas. 

La lengua verde, por el poema azul de verso acrisolado. 

La nota salta a la mente como un goteo inteligente de lluvia que desciende los escaparates de las grandes avenidas. 

Es la luz de la ciudad. El león de neón que se revuelve entre el humo de las aceras.

Espera, agazapado, y al pasar su presa de un salto mortal suelta un zarpazo el furioso menino que corta el aire con su juego de uñas afilado. Se mezclan los sueños en su cabeza como una detonación de risas. 

En rápido giro copernicano, Roma es mi escenario; 

Pentesilea de mármol, lanza en mano, yace maltrecha en la profunda brecha

Mira la madre la vida corta de sus hijos con profunda tristeza 

El contorno del cuerpo que se pasea, el ruido del mundo que los eleva 

La niña en la calle, el perro en la acera. La casa, la tienda, la fiesta, el museo. 

La empresa que horadada queda. La familia, la taza rota, una tetera que silba, sus velas blancas;

El paso fúnebre de Semana Santa.




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